Mis líneas perpendiculares.


Las líneas perpendiculares se pierden en el infinito granulado, desapareciendo sin saber para qué. Quizá se junten para formar así un solo cuerpo y volver a desaparecer en, quizá, otro infinito, junto a otras líneas, quizá, perpendiculares y repetir el mismo proceso infinitamente. O quizá sólo desaparecen para no volver a aparecer jamás, dejando un vago recuerdo de los cuadrados que juntas formaban.


Alguna que otra.

El color gris.


Te podría hablar del gris. El gris es sólido, y es enorme, y plano, pero cuando acaba, hay color. Pero no rojo. Cuando se acaba, hay color. Azul. Quizás. Pero no rojo. El rojo está al final del todo en este orden imaginario y recién establecido. Esperando. Al final.
Antes del gris no hay nada, por cierto. Ni siquiera más gris. Solo nada. Ni infinito. Nada.

Mnemósine.



Ahora me siento como la victoria de samotracia, con alas pero sin cabeza... Algún dia la tristeza de su inexsitencia me rebanará en dos.

Mi cama.

Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos, que me la guardan...

Je voudrais voir




Sur un champ de bataille, à l’heure où les corbeaux


Crèvent à coup de becs et mettent en lambeaux


Tous ces yeux et ces coeurs qui s’enflammaient naguère.

Valerie


Existes, porque te he soñado, y entre la niebla recuerdo que suspirabas por lo delicioso en que pronunciaba tu nombre.